6 de julio de 2026
OCR

Antonio Rubio, subcampeón del mundo en su categoría en el Mundial OCR de 24 horas en Grantham

Crónica ofrecida por su protagonista.

Sábado 27 de junio, 12 de la mañana. Nottingham (Reino Unido) 28º, mucha humedad y algo de viento. Así empezaba el mundial de carreras de obstáculos, por delante 24 horas dando vueltas a un circuito de 5 millas (aprox. 8km) y 20 obstáculos.

Hay cosas que no se entienden hasta que las vives. Una carrera de 24 horas es una de ellas. Pero voy a intentar que sientas algo parecido a lo que yo sentí.

Una carrera de 24 horas no es una maratón larga. No es un ultra con más kilómetros. Es otra cosa. Es una conversación de un día entero contigo mismo, con el terreno, con el frío y con todas las versiones de ti que van apareciendo según el reloj avanza y el cuerpo empieza a negociar.

Llegué a Grantham con el plan claro. Gestión de esfuerzo, hidratación, nutrición, ritmo por vueltas. Todo “controlado”. Todo en la hoja de ruta. El plan sobrevivió aproximadamente hasta las dos de la madrugada.

Tenía el objetivo fijado, pelear por conseguir completar 90 millas (18 vueltas) y asegurarme un puesto en el top 20 mundial. Salí fuerte, a pesar de ser una carrera muy larga, su desarrollo premia mucho el salir rápido, ya que la primera hora no tienes ningún obstáculo que superar. Y es que se van “habilitando” poco a poco hasta que a las 7 de la tarde ya están todos disponibles. La primera vuelta, la de “reconocimiento” salió en 44 minutos. Una vuelta que es muy útil para conocer el trazado del terreno, dónde puedes apretar, donde te va a tocar andar más adelante y ver la distancia real entre algunos obstáculos.

Hasta la 6ª vuelta es puro ritmo, seguían cayendo obstáculos, seguía acumulando kilómetros, seguían pasando las horas.

Al empezar la 10, cuando ya iba cayendo la noche, las reglas nos obligaban a cargar con un saco durante todo el recorrido. Un saco pequeño, de 2 kg como máximo pero que te acompañaba durante la vuelta completa. Teniendo designada una zona antes de cada obstáculo donde debías dejarlo y después de completar el obstáculo volver a recogerlo. Aunque parece una minucia, esto hizo que esa vuelta fuera de más de 9km.

Los obstáculos de agua eran obligatorios y en algunos de ellos había que sumergirse por completo. Sin opción. Lo que significa que durante la mayor parte de las 24 horas competí mojado. Con el viento. Con la temperatura bajando a cada hora.

Catorce grados a las tres de la mañana con el cuerpo mojado y rachas de viento de 26 kilómetros por hora no son catorce grados. Son otra cosa completamente distinta.

Y cayó la noche, nada te prepara para lo que hace la oscuridad en una carrera como esta.

No es solo la falta de luz. Es lo que viene con ella. El frío se instala de otra manera cuando no ves nada. El cuerpo se tensa de forma diferente cuando el terreno que pisas es solo una suposición iluminada por tu frontal.

Salí de la Zona de Vida — el punto donde está el material, la comida, el contacto con casa que te ancla a la realidad — y a los pocos minutos de empezar la vuelta la linterna frontal se apagó. Batería agotada. Oscuridad total.

El reglamento es claro: luz delantera y trasera en todo momento. Sin luz, descalificación.

Tuve que improvisar, la luz de posición trasera tenía opción de ser luz blanca, la recoloqué como foco frontal y use el frontal casi sin batería como luz roja, que dura más. Seguí. Con eso. Con una luz de posición haciendo el trabajo de frontal. Reduciendo el ritmo para no cometer un error en el terreno que me mandara al suelo o, peor, que me lesionara después de más de 14h corriendo.

Fue la vuelta más larga de la noche. Y en cierta manera, la más importante. Porque la completé con todo en contra.

Las vueltas de noche me hicieron perder demasiado tiempo y vi como se escapaba mi objetivo de las 90 millas. Aquí, después de unas 16 horas corriendo y con 8 todavía por delante es muy fácil abandonar cuando ves que el objetivo que tenías fijado se escapa. Por eso siempre hablo de tener 3 objetivos en carreras como esta. El que quieres si todo sale bien (mis 90 millas), otro que sea menos ambicioso (superar las 75 millas del año pasado) y uno por si todo se tuerce (sobrevivir a las 23h que te dan la condición de haber superado la prueba).

Llegó el amanecer y con él, por fin, el sol. Necesitaba sentir de nuevo su calor, era tan reconfortante que no me importaba que me molestase en las quemaduras hechas por el barro en todo el cuerpo. Pero con el amanecer también llegó el 3er cambio en el reglamento, y es que ahora algunos los obstáculos se cerraban o se abrían según la hora del día. Pero si el obstáculo estaba abierto, tenías que completarlo 2 veces seguidas. Fuera el obstáculo que fuera, esto fue una locura que cambió por completo la densidad de obstáculos por kilómetro y que a 3 horas para el final, fue un martillazo sobre todo para nuestras manos en los obstáculos en los que teníamos que colgarnos.

Pero las horas seguían pasando, 24h 25’ cuando entraba en meta con la vuelta número 16 completa. Tenía 30 minutos más, pero no me daba tiempo a hacer una vuelta más, así es que final. La última entrada en meta. En ese momento se acerca el “supporter” de uno de mis competidores y me da la Enhorabuena, le doy las gracias pensando que era por haber hecho una buena carrera. Pero me dice que he entrado 2º en mi categoría, el 18º en la general.

En ese momento no me lo creía, aunque me enseñó la calcificación, me acerque a la carpa de cronometraje para que me confirmaran que eran definitivas esas clasificaciones. Me dijeron que todo apuntaba a que sí, pero que como todavía quedaba media hora para cerrar oficialmente la meta, que esperase ese tiempo y me lo confirmaban.

Llamé a casa, como siempre al acabar una carrera, para confirmar que estaba bien y para contarle lo que estaba pasando. Me costaba incluso verbalizarlo porque no era capaz de asimilar lo que había pasado.

Dieciséis vueltas. Ciento treinta y ocho kilómetros. Más de doscientos cuarenta obstáculos.

Subcampeón del mundo en mi categoría. Decimoctavo en la clasificación absoluta.

El mejor resultado de la historia de un español en esta prueba.

Y aunque podría quedarme con los números. Lo que me llevo de Grantham no cabe en una tabla de resultados.

Me llevo saber que cuando la linterna se apagó no me apagué yo.

Me llevo haber llegado al amanecer.

Me llevo haber sobrevivido a otra carrera de 24 horas

Me llevo haber dado todo lo que tenía.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies